Alejandro Burbano: “Con pequeñas acciones se puede alegrar grandes corazones”

La misión en Penipe es una experiencia única para los jóvenes de Ecuador. Allí conviven con niños discapacitados, pudiendo conocer una realidad diferente a la suya. Alejandro Burbano fue esta Navidad a esta misión, allí se entregó a estos niños. Hoy nos cuenta que ha supuesto esta vivencia misionera Dehoniana:

“Muchas veces en la vida nos encerramos en una burbuja sin querer ver que hay a nuestro alrededor ignorando muchas situaciones que hay en la vida cotidiana en el diario vivir de muchas personas.

Entonces se me presentó la oportunidad de vivir la experiencia de misión en un lugar llamado Penipe, que desde ahora lo he bautizado como el pueblo de la esperanza. Quizás para muchos jóvenes se les pudo presentar algún tipo de dificultad por la fecha de misión, que fue del 26 de diciembre al 30 de diciembre, ya que son días de unión de familiar, pero que alegría me dio al ver tantos jóvenes que prefirieron dejar de lado su zona de confort, y de pasar momentos amenos con la familia por pasar estos días con personas que necesitan mucho de nosotros, con personas que no conocemos pero que desde ya roban nuestro corazón invadiendo cada parte de mi ser.

Quedé muy impactado al llegar a la Casa de la Caridad de las Hermanas Franciscanas, desconocía que podría ver tantos niños con discapacidad física e intelectual severa todos en el mismo lugar. Ellos me alegraban con sus sonrisas, sus abrazos… No podía imaginar que estos niños con tan sólo mirarlos a los ojos despertaban en mí sensaciones, sentimientos encontrados y compasión. Me sentía en un pedacito de cielo aquí en la tierra donde puedo encontrarme con Cristo, Amar y ser amado.

Pero el impacto duró poco porque estos niños, a pesar de su discapacidad, me hacían sentir como en casa, me hacían sentir especial. Algo que nunca olvidaré fue cuando me tocó darle de almorzar a Cecilia, mientras le daba cada bocado de comida en mi interior escuchaba repetidas veces donde hay caridad y amor ahí está el Señor. Sentí tanta paz tranquilidad me sentía como un ser útil a la sociedad, como un instrumento de Cristo, un instrumento de paz testimonio de amor y verdad.

Nunca había visto a un niño con una sonrisa tan amplia, tan feliz de despertarse a las 5 de la mañana en un frío estremecedor, y de ahí derechito a la ducha. Qué difícil era cambiarles el pañal, vestirlos… estaba experimentando nuevas cosas, pero ese día gané la lotería por partida doble, ya que me tocó darle de comer a Dieguito un niño de un año y ocho meses. Cuando lo tuve en mis brazos mi corazón palpitaba por mil, nunca había tenido tanta pureza en mis brazos. Ahí tuve mi experiencia de Dios, pero que tristeza sintió mi alma al escuchar su triste historia al saber que sus padres lo abandonaron en un hospital. No entiendo cómo puede existir tanta maldad en el corazón del hombre, pero no los puedo juzgar, pero si orar por ellos para que Dios les brinde paz y una nueva oportunidad porque seguro deben de estar sufriendo.

Momento seguido me tocó ser “padre” por un día. Consistía en cuidar y pasar todo un día con un niño con discapacidad severa, que afortunado fui pues me tocó Laurita, una dulce niña la cual estaba perdida en si misma. Me tuvo todo el día caminando, podía notar en su mirada que estaba perdida, me daba algo de tristeza porque siquiera podía valerse de si misma, me daba impotencia porque no podía aplacar su dolor. Me tocó ingeniármelas para poderme comunicar con ella, tenía un amplio apetito, comía y comía y con mucho gusto eso me daba alegría, pero lo que más me agradó es que, a pesar del estado en que se encontraba, en el momento de irme a dejar su pabellón para que la bañasen para irse a dormir, la senté y al momento de levantarme pegó un brinco a seguirme, recordaba cuando yo seguía a mi abuelito cuando se iba a su trabajo.

Mi piel se erizó cuando escuché cantar a Fernando con que sentimiento cantaba esta estrofa “La familia comience sabiendo por qué y donde va y que el hombre retrate la gracia de ser un papá Bendecid oh Señor las familias, Amén Bendecid oh Señor la mía también “. Pero más alegría sentí cuando le pregunté qué quería ser de mayor, y me respondió que Sacerdote. Alegría de saber que aún hay jóvenes que quieren entregar su vida al servicio de los demás.

La verdad que fue una de mis mejores experiencias. Aprendí el sentido de la vida que es amar y ser amado, vale la pena entregar la vida por los demás porque el cambio empieza en uno mismo y con acciones pequeñas se puede alegrar grandes corazones”.

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