Graciela Moreno: “En el 98 nos reconstruimos, hoy nos estamos reforzando”

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El 4 de agosto se cumplieron 19 años del terremoto que asoló Bahía de Caráquez. Aquella tarde un seísmo de 7.1 grados en la Escala de Richter sacudía la ciudad creando pánico en todos los vecinos y turistas. Desde entonces Bahía sufrió el año pasado otro terremoto que destruyó gran cantidad de edificios y dejó a familias sin hogar, aún así su vecinos no se rinden y siguen trabajando para salir adelante.

La historiadora Graciela Moreno comparte con nosotros un texto recordando el terremoto de agosto de 1998:

“En el 98 nos reconstruimos, hoy nos estamos reforzando. Son las palabras esperanzadoras que lucen en una lona que protege el Edificio ubicado en la Rotonda de Bahía de Caráquez que al igual que los demás se vieron seriamente afectados, pero que con su estructura intacta iniciaron la reconstrucción para recibir pronto a los condominos que van a retornar pronto a sus acostumbradas vacaciones en la ciudad que con tanto afecto los acoge año a año.

El 4 de Agosto de hace exactamente diecinueve años acabábamos de pasar por lo que pensamos era el mayor terremoto que había vivido esta generación de Bahieños, pues quienes nacimos después de los años cincuenta habíamos vivido fuertes temblores pero era la primera vez que vivíamos un terremoto con epicentro a pocos minutos de la ciudad.

En 1997 la costa ecuatoriana fue duramente golpeada por el Fenómeno El Niño, uno de los más fuertes de la historia moderna, Bahía de Caráquez y Leonidas Plaza fueron brutalmente afectadas entonces, incomunicados pues sus vías fueron borradas del mapa, las casas cubiertas toda su planta baja de fango en el sector del Km. 8 y muchos barrios de la Parroquia Leonidas Plaza, Bahía y sus cerros en riesgo y en el Barrio Mª Auxiliadora todo el sector del lado derecho subiendo hacia la Capilla se vino al suelo cayendo más de veinte casas y con 16 perdidas valiosas de vecinos del sector que no habían salido pese a que todo ya olía a peligro y las autoridades habían advertido  sobre el inminente riesgo de los sectores altos.

En el mes de Julio del año siguiente (1998)  recién habían cesado las lluvias, con el dolor aún fresco la ciudad se había propuesto salir adelante después de casi siete meses de lluvias, deslaves y muerte. El Padre Xabier Escauriatza era el Párroco de la Merced y en Leonidas Plaza los Padres Dehonianos llegados recientemente un año antes, se inauguraban con lluvias inusuales y su casa con lodo hasta la rodilla, un trabajo intenso vivieron ellos al tener la responsabilidad de organizar los albergues donde la gente se había refugiado, esta vez la  vecina Parroquia buscó Bahía refugiándose del lodo y el agua que no respetaba nada.

Teníamos como Alcalde al Abogado Fernando Cassís quien junto a diversos frentes sociales y como miembro de Fundación Estuario venían trabajando desde el Fenómeno en temas puntuales como la provisión de agua para los albergues y otros varios problemas sociales  que vinieron a afectar a la ciudad y a los que había que hacerles frente.

La última semana de Julio trabajaron conjuntamente las autoridades y las organizaciones sociales en la preparación de una gran minga que ayudaría a la ciudad para iniciar el período de verano en el que los turistas y dueños de apartamentos se aprestaban a llenar Bahía, como un gesto más de solidaridad con sus hermanos Bahieños, hay que acotar que desde Quito no había faltado la ayuda, increíble gesto de quienes año a año visitaban la ciudad y que hicieron llegar a Bahía a través de vuelos especialmente contratados.

La idea de la minga fue acogida por todos los Bahieños, se hizo una canción, hubo donaciones y los voluntarios aparecían día a día esa semana, todos querían trabajar, el sábado efectivamente fue una fiesta y la ciudad casi brillaba  luciendo todos los parterres de blanco para dar la bienvenida a la temporada turística que  en el 97 había sido nula y por ende la ciudad vivía una crisis económica sin los ingresos que dejaban los visitantes.

El miércoles 4 ya habían empezado a llegar los turistas y en la ciudad se respiraba entusiasmo, nadie ni en sueños imaginaba lo que nos tocaría vivir esa tarde cuando al medio día un fuerte sismo de más de seis grados sacudía la ciudad causando el pánico consiguiente porque los niños estaban en clases, los transformadores explotaban en sus postes, algunas paredes de las casas de la Calle Bolívar se vinieron al suelo, el Hospital Miguel H. Alcívar severamente afectada estaba siendo evacuada, un rumor insistente de que algo más fuerte se vendría alertó a la población, casi todos estaban afuera de sus casas cuando cerca de las tres de la tarde un sismo de 7.1 grados en la Escala de Richter sacudía la ciudad dejando en la calle a muchas personas, uno o dos edificios se vinieron al suelo y no hubo sino una víctima fatal gracias a los hechos que precedieron al sismo.

Sin embargo los días posteriores igual que ahora, poco a poco iban viéndose los daños y hubo que derrocar algunas casas y reconstruir edificios y casas que habían sido afectados aunque sus estructuras se encontraban bien, al parecer luego de la intervención de personas especializadas que también llegaron desde distintos puntos del país.

Dos años o más permanecieron las familias en albergues de parques y calles en Bahía hasta que fueron reubicados y muchos regresaron igual a las lomas que ya entonces habían sido declaradas como zona de alto riesgo, hubo un interesante estudio y recomendaciones que dejadas en el Municipio no sabemos si fueron cumplidas al pie de la letra como suponemos debió hacerse, decían entonces que pasarían muchos años hasta volver a vivir otro sismo a pesar de que siempre se habló de una teoría de un japonés quien decía que el sismo vivido no había sido el que se esperaba y que al parecer ocurrió en el 2016.

Cabe acotar que jóvenes que hoy tienen 25 años han vivido ya dos terremotos muy fuertes y que sin embargo me atrevo a afirmar que la ciudad aún no se encuentra preparada a pesar de que en este año se ubicaron en la ciudad y la zona alarmas para avisarnos el peligro de un tsunami, pese también a que ya han hecho un simulacro que no tuvo la repuesta esperada, otro sismo de 6.4 grados en la escala de Richter ocurrido hace un poso más de un mes, nos demostró que la ciudad no está preparada y que aún no contamos con una base de datos para saber cuántas familias viven en las zonas llamadas de riesgo y son muy pocas las personas que tienen una mochila de emergencia lista para otra eventual emergencia”.

 

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