El P. Alexander Quintero nos habla sobre la escasez de medicinas que sufre Venezuela

El P. Alexander Quintero nació en Caracas. Su padres, Florencio y Luisa, tuvieron 9 hijos, y él es el menor de todos ellos. Desde hace 25 años es religioso Dehoniano y Sacerdote desde hace 20. Su labor sacerdotal ha transcurrido en las parroquias de Caracas y Tinaquillo, donde se encuentra actualmente.

Allí está viviendo muy de cerca la situación tan triste que están viviendo los venezolanos. Hemos hablado con él para que nos cuente cómo es el día a día en Venezuela.

-Venezuela está viviendo una crisis, ¿cómo ve usted la situación?

Venezuela está en una situación bastante difícil, crítica en algunos aspectos: por un lado, crisis económica que ha venido deteriorando no sólo el bolsillo de los venezolanos sino su salud integral. También hay otro gran problema que atravesamos y es el de los valores. No es raro encontrarse con personas que se están convirtiendo en seres egoístas y acaparadores, capaces de fijar precios muy por encima del valor real, les llamamos “bachaqueros”, pero también un egoísmo que llega en algunos casos a las mismas familias. La crisis ha sacado en muchos casos lo peor de nosotros mismos.  Ahora bien, esta situación, para la Gloria de Dios, también ha puesto de manifiesto lo mejor de nosotros mismos: la esencia del venezolano común sigue siendo la bondad, el gran corazón y el ingenio para resolver los problemas; entre ellos el que más angustia da a todos es el de la comida del día a día. Aquí no nos resignamos a sobrevivir, creemos que también existe un futuro mejor.

-¿Cómo es su situación personal?

Yo me siento en manos de Jesús, esperanzado. En la presencia de Dios, que parece muchas veces como silencioso, pero que se encuentra presente y actuante. No como lo podemos imaginar con gran estrépito, sino justo allí en el silencio, en su cercanía en la noche oscura de la angustia. Su silencio sirve para que resuene con fuerza la voz de sus hijos. Y por eso trabajo duro día a día por mi comunidad, por mi país y por mi Iglesia. La Misericordia Divina es tan grande que siempre, hasta en los momentos más difíciles, Dios ha estado presente, no nos ha abandonado y nos ha dado tanto que siempre tenemos para compartir con alguna persona que lo está pasando más difícil. No siempre ha sido sencillo este proceso, pero no ha sido imposible.

-¿Qué les transmiten a las familias?

Mi mensaje a la familia venezolana está centrado en la CONFIANZA, confianza en Dios, que siempre escucha nuestras súplicas, y confianza en nosotros, que somos capaces de luchar y vencer las batallas que la vida nos presenta. Confiar en Dios, no es quedarse con los brazos cruzados sin hacer nada; confiar es sentir que todo va a estar bien si se pone todo el empeño para alcanzar las cosas. Dios nos mira silencioso mientras nosotros aprendemos a desarrollar todo el potencial que tenemos, desde cuando en una familia son capaces de resolver el almuerzo con tres o cuatro ingredientes, porque no hay para más, o cuando hacemos infusiones para combatir alguna dolencia, porque no hay la medicina, hasta cuando somos solidarios con los que aún son más pobres que nosotros. Cuando nos juntamos a reír por algo bueno que nos pasa o cuando lloramos que un familiar más se va del país en busca de un futuro mejor. Soy un convencido de que el pesimismo es algo que nos estanca, que nos hace invisibles. Uno más dentro de la masa del cúmulo de los lamentos. Pero como decía antes, la confianza no es quedarnos con los brazos cruzados. Un cambio económico o político no serviría de nada si no estamos dispuestos a cambiar. A retomar de nuevo el valor del estudio y del trabajo, a construir en vez de seguir destruyendo. Si yo no cambio nada cambiará.

-Actualmente usted, ¿dónde desarrolla la Misión Dehoniana?

Actualmente soy Párroco en la ciudad de Tinaquillo, estado Cojedes, en la Parroquia Nuestra Señora del Socorro. Es una parroquia grande con nueve comunidades que atender. El año pasado nos tocó, tal vez, la dolora experiencia de cerrar el centro de salud que teníamos a cargo. La razón, es que era imposible el mantenimiento económico. Como responsable de este en el momento del cierre lo sentí como una gran pérdida. Era necesario la reestructuración económica para poder seguir prestando un servicio de calidad y de bajo coste. Esto no se podía realizar con el centro en funcionamiento. Tenemos y tengo la esperanza que este año lo volvamos abrir. Es una necesidad para nuestro pueblo. Pedimos a Dios luz para poder discernir el enfoque correcto que esté a favor de la persona, porque conjugar rentabilidad y servicio en una economía tan volátil como la nuestra no es nada sencillo.

-En su parroquia han creado un banco de medicamentos, ¿en qué consiste?

Todos tenemos en nuestros hogares medicamentos que nos han quedado de diversos tratamientos ya cumplidos, y a veces nos quedan cajas completas de pastillas, o de inyecciones, y si no están completas quedan pastillas que no se van a seguir utilizando. Por ello se le pide a la comunidad que las lleven a la parroquia para

donarlas a personas que sí la necesitan. No estamos afiliados ni a una farmacia ni a un servicio de distribución de medicamentos -eso es importante aclarar porque la gente más sencilla dice “vamos a la farmacia de la parroquia”-. El funcionamiento es sencillo. Se hace un listado con las medicinas que tenemos y la publicamos en la puerta. Quien los necesite y no los consiga en ninguna farmacia, lo piden y se lo lleva sin ningún valor, sólo con la condición de cambiarlo por un medicamento que ya no estén utilizando. Es una especie de trueque.

El lema es “Ayúdanos a ayudar”.  -Recuerda que las medicinas se vencen, la vida no-.  A nuestra casa viene gente de la parroquia, de las otras parroquias de Tinaquillo, de los pueblos y algunos incluso de los estados vecinos. El trabajo ha sido muy fructífero para la Gloria de Dios, sobre todo porque se hace de cara a las personas. Ellos saben que lo que donan se entrega y que incluso les ha tocado por la situación del país ser no solo benefactores sino beneficiarios alguna vez.

Y, ¿cómo estamos seguros de que las personas realmente necesitan esas medicinas o que no se aprovechan algunos y no llega de verdad a los pobres? La respuesta es simple. Es necesario el traer la receta y las indicaciones médicas, sino no se entregarán. Es triste cuando no puedes ayudar a alguno y sabes que lo que necesita es de verdadera urgencia como con los antibióticos, los hipertensivos, los medicamentos para diabéticos, o materiales para cirugía. A veces son cosas elementales que en cualquier centro de salud deberían tener, pero no las tienen y el paciente debe llevarlas. Nos ayudan como voluntarias algunas señoras de Caritas Parroquial y doctores y farmacéuticos para la clasificación de los medicamentos y los controles necesarios cuando nos donan medicinas que no podemos entregar por nosotros mismos como pueden ser los psicotrópicos para enfermedades psiquiátricas o donaciones para pacientes con cáncer…  Una vez al mes, intentamos que sea siempre el primer domingo, se le recuerda a la comunidad traer a la eucaristía las medicinas. Esta iniciativa de los bancos de medicinas se va extendiendo por el país porque al igual que los comedores populares son de extrema necesidad.  Se ha ido creando una red de este tipo de bancos que ha servido para canalizar las pocas donaciones y para individuar a los pacientes crónicos que no deben suspender su tratamiento.

¿Qué es lo más urgente que necesita el pueblo venezolano?

Espiritualmente se necesita esperanza y alegría para seguir luchando. Materialmente se necesita comida y medicamentos.

¿Cómo podemos ayudar desde España?

Además del apoyo espiritual con sus oraciones, agradeceríamos inmensamente la ayuda para el Banco de Medicamentos. Debido a la dificultad para hacer envíos masivos de medicamentos, habría que mandar con personas que viajen al país medicamentos como si fueran para su uso personal. Sobre todo, antibióticos. Nuestros hermanos de la Provincia Española siempre han estado apoyándonos en estas iniciativas.

 

Por último, el P. Alexander Quintero no quiere despedirse si hablar de la Cruz de nuestra Congregación, la Cruz Dehoniana. “Es algo que llevamos no solo con orgullo sino con amor. En nuestras constituciones leemos que ‘del Corazón de Jesús abierto en la cruz nace el hombre del corazón nuevo’. Pues que seamos de verdad hombres de corazón nuevo, que no nos dejemos llevar por la desesperanza, la rabia y el rencor, sino que seamos capaces de crecer en la fraternidad y en la solidaridad, que los sentimientos de Cristo hacia los hombres los podamos trasmitir en la cercanía con los más pobres, en la sonrisa en los momentos de desolación. Ser hombres nuevos capaces de transformar la sociedad, y ver en esta crisis también una oportunidad para ser mejores personas”.

Desde nuestra web puedes hacer tu aportación para ayudar a Venezuela ante la escasez de medicamentos. Colabora aquí.

 

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