P. Benjamín Ramos: “Como misionero me siento feliz y realizado”

Octubre es el mes de las misiones y queremos reconocer la gran labor que realizan los misioneros día tras día, dando su vida por los más necesitados. Hoy compartimos una entrevista que realizamos al P. Benjamín Ramos, misionero dehoniano en Ecuador, cuando este verano vino a España a compartir unos días con sus familiares y amigos.

-¿En qué año marchó a Ecuador a vivir la misión? ¿Qué ha supuesto esta experiencia en su vida?

Yo marché a Ecuador en el año 1999 con solo 15 días de ordenado sacerdote. Ser misionero siempre fue mi prioridad como religioso, y cuando tuve la oportunidad no lo pensé dos veces. En Ecuador he vivido la mayor parte de mi vida religiosa y toda mi vida como sacerdote, por tanto, es en Ecuador donde he crecido como persona, como religioso dehoniano y como sacerdote. Ecuador ha configurado mi personalidad, mi sensibilidad especialmente hacia los más pobres, ha enriquecido mi ser dehoniano, me ha ayudado a conocer más la Congregación.

-En este tiempo ha estado tanto en la Comunidad de Bahía de Caráquez como en la de Quito ¿qué se lleva de cada sitio?

Bueno, de los 19 años que llevo en Ecuador he estado 17 años en Bahía de Caráquez, por tanto, decir qué me llevo de Bahía de Caráquez supondría otra entrevista aparte. Principalmente me llevo a la gente con la que compartí y trabajé: su calidez, su cariño, su generosidad. De Quito, bueno estoy viviendo la experiencia desde hace dos años y también me quedo con la gente, sin duda. Me quedo con todo excepto con la altura y el frío a veces. Prefiero el mar y el calor.

¿Hay mucha gente necesitada en Ecuador?

Si, mucha gente. Actualmente la situación económica del Ecuador es delicada, estamos en un tiempo de recesión que como siempre afecta a los más pobres. En nuestra parroquia hay muchas personas mayores sin sueldo, sin seguridad social, en una tremenda soledad. Muchas familias con trabajos muy precarios de subsistencia. Ecuador se ha convertido en uno de los países más caros de América Latina.

¿Cómo ayudan los Dehonianos?

Estamos ayudando primero con nuestra presencia realizada con algo que siempre nos ha caracterizado a los Dehonianos: la cercanía, el cariño, la generosidad, la entrega… En definitiva, una vida vivida desde el corazón. Son muchas las obras sociales que estamos realizando los Dehonianos en Ecuador; son obras que nacen del contacto, del encuentro, del análisis de las realidades; obras que quieren mejorar la calidad de vida y la dignidad de las personas: comedores infantiles, centro de ancianos, comedor para ancianos y enfermas, niños apadrinados, centros para niños con capacidades distintas; también acompañamos a personas que duermen en las calles sin hogar y casi siempre sin futuro.

Todo esto desde los ambientes de las parroquias en las que trabajamos: programas de formación para laicos, educación en la fe, formación social, acompañamiento a las personas solas y enfermas… En estos últimos años, después del gran desastre natural del terremoto que afectó a buena parte de la Costa ecuatoriana, especialmente la ciudad de Bahía de Caráquez donde estamos presentes, los Dehonianos, sobre todo de la provincia española, se han volcado en generosidad y solidaridad.

¿Hay algún colectivo que a usted le provoque más cariño?

Todos los colectivos son merecedores de cariño, pero para mí de una forma especial los niños y los ancianos. Pero mis predilectos son los jóvenes porque en realidad son los más necesitados, porque son el futuro del país y también de la Congregación.

-Actualmente es párroco de la Santa María de la Argelia en Quito. ¿mo son los feligreses en esta zona? ¿Qué realidad vive la parroquia?

Los feligreses de Santa María de la Argelia son muy religiosos, una religiosidad diría yo muy tradicional. En la Argelia la inmensa mayoría de la gente son migrantes nacionales que vinieron de otras partes del país en busca de una mejor calidad de vida. Son personas trabajadoras, últimamente hay más profesionales pero por lo general estamos hablando de una clase media baja. A nivel religioso es un ambiente tradicional y no muy comprometido; funciona más el “cumplimiento” que el compromiso; no hay mucho interés por la formación, pero por lo general la gente es muy buena, generosa, sensible y sobre todo nos quieren mucho.

¿Qué proyectos emprende la parroquia?

Estos dos años hemos estado ocupados y preocupados en algunas remodelaciones de la iglesia templo; mejoras especialmente estéticas. Continuamos con los proyectos sociales y hemos comenzado a organizar la pastoral juvenil. Ha surgido un nuevo grupo que quiere trabajar con las mujeres en situaciones de vulnerabilidad y violencia.

¿Qué colectivo es el más necesitado en este momento?

Los colectivos más necesitados creo que son los ancianos y los niños. En nuestra parroquia hay muchos ancianos solos, abandonados. La población de Ecuador es muy joven, por tanto, la situación especialmente con los niños es delicada.

-Uno de los episodios más dramáticos que ha tenido que vivir fue el terremoto de 2016, ¿se ha recuperado la población de aquel desastre?

Hay aspectos que se han recuperado: rehabilitación de edificios y carreteras, por ejemplo, pero de forma muy lenta. Hay muchos aspectos que tiene que ver con la calidad de vida: falta de puestos de trabajo, crecimiento de la delincuencia… que siguen siendo un problema grave. Muchas personas tuvieron que dejar su tierra con lo que supone de desarraigo a nivel psicológico. Fue un desastre bastante grande y todavía pasará más tiempo hasta que Bahía vuelva a ser lo que era. Muchos negocios desaparecieron, Bahía se ha despoblado, pero también ha habido muchos gestos de solidaridad que hace que nunca perdamos la esperanza.

-En verano parten jóvenes de España a Ecuador como voluntarios. ¿Cómo valora su labor?

La presencia y la labor de los voluntarios es fundamental y muy enriquecedora. En primer lugar, para ellos porque cambia su visión de la vida y también de Latinoamérica, se acrecienta su sensibilidad hacia los más pobres, comienzan a tener una nueva manera de ver la vida, de valorar su propia vida, se produce un cambio a nivel de prioridades y principios. En segundo lugar, es importante para nosotros y la gente de nuestras parroquias y comunidades porque el trabajo de los voluntarios suele ser muy creativo, entregado y generoso, por tanto, nos beneficiamos y mucho de ellos. Por tanto, su labor es excelente, necesario, vital. Solo nos queda agradecerles por su tiempo y entrega.

¿Cree que todas las personas deberían vivir una experiencia de voluntariado?

Creo que la experiencia de voluntariado es una actividad que de verdad te cambia la vida. Yo la viví cuando era más joven y de verdad te cambia la vida. Creo que debería ser una experiencia obligatoria para todos los jóvenes que cumplen 18 años y afrontan otra etapa de su vida, la del mundo laboral. Es importante que nuestros jóvenes se armen de valores y principios que construyan humanidad.

¿Le gustaría volver a España, o espera quedarse durante más años en Ecuador?

Me siento muy a gusto en Ecuador, en estos momentos siento que es mi sitio y donde debo estar. Nuestra Congregación es eminentemente misionera y yo siento, a nivel personal que es la vocación a la que he sido llamado y en la que me siento feliz y realizado.

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