Mariangela González tuvo que partir de Venezuela por el bienestar de su familia

Mariangela González de Rojas es una docente de educación inicial de 38 años que tuvo que huir de Venezuela, en concreto de Valencia (estado Carabobo – URB. La Quizanda). La crisis económica le obligó a dejar allí a lo más valioso de su vida, su familia.

Dejé a mis hijos Daniela Valentina de 13 años y Gabriel Alejandro de 9 años, a mi esposo Deivys Rojas, a mi bella madre, a mi bella comunidad parroquial, dejé grandes amigos… espero poder reencontrarme con ellos pronto” indica esta venezolana.

Mariangela recuerda que su situación en Venezuela fue muy estable como para salir adelante con su familia “hasta que la crisis tocó mi hogar y ya mi sueldo y el de mi esposo no alcanzaba para mantener a nuestros hijos. No podía dormir pensando en el futuro, qué se comería al día siguiente porque no se conseguía alimentos y si lo conseguías el dinero no te llegaba”.

Recuerdo el dolor al ver que mi hija venía del colegio caminando porque no hay transporte. Así que con mi corazón bien chiquito tomé la decisión de hacer algo por mi familia, me llené de valentía sabiendo que no iba ser fácil separarme de la gente que más amo. Aquí estoy, en Ecuador, con la gracia de Dios luchando para el bienestar de mi familia”.

Y es que según nos cuenta, en Venezuela se está pasando mucha hambre, hay mucha escasez, “ni lo más básico se consigue, unos mueren por falta de medicinas, otras personas usan lo natural. El salario cuando salí del país era de 248.510 Bs y eso no alcanzaba más que para dos almuerzos bien limitados. Con ese sueldo no se puede vivir, nuestros hermanos en Venezuela están sobreviviendo”.

Mariangela se siente triste al recordar a la gente buscando comida en la basura, “me ha marcado mucho, igual que escuchar a mis amigos decirme que están días sin comer, o que mis hijos me pidieran algo específico para comer y no poder dárselo. También ver en mi trabajo como docente que los niños no llevaban comida si no que traían cualquier cosa para tapar el hambre, y los bebés no llevaban teteros, jugos… Ver como estos niños no se están alimentando duele mucho”.

Su relación con los Dehonianos viene de muchos años atrás, “ellos son mis hermanos, llegué a la iglesia hace 20 años cuando el padre Vicente atendía mi comunidad. Allí me formé, soy catequista. Mi formación y quien soy lo aprendí en esta Congregación, me ha ayudado a ser mejor persona, mejor cristiana, a mejorar mi relación con Dios. A lo largo de mi vida encontré formación y acompañamiento. En los últimos años hice el post ciclo y le dio el toque que le faltaba a mi vida. Los Dehonianos han hecho grandes cosas por mí”.

De este modo, con tristeza por haber tenido que dejar atrás a los suyos, Mariangela espera volver a su Venezuela amada. “Creo que es esencial para que la crisis abandone a Venezuela un cambio de gobierno. Yo espero que todo pasará”.

 

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