My Mission en Quelimane (Mozambique)

Naroa y Jesús son dos voluntarios dehonianos españoles que han marchado este mes de julio a Mozambique, junto a voluntarios de otros países, acompañado por el P. Daniele Gaiola (Italia).

Naroa nos cuenta cómo está siendo esta experiencia, “estamos impresionados por la pobreza, tanto en las casas, en la ciudad… La idea que teníamos sobre África antes de venir son ciertas, y para aquellos de nosotros que ya sabíamos de otros países africanos, esto también se confirma para Mozambique”.

En este sentido, resta joven voluntaria señala que “para una gente tan pobre es increíble la cantidad de ellos que están muy limpios. Y las Capulanas (telas locales con colores elegantes), dan una imagen maravillosa y muestran a las mujeres mucho mejor que su verdadera situación. Además, las Capulanas a veces combinan con un pañuelo para la cabeza o con el paño para llevar al bebé”.

Algo que sorprende a Naora es que incluso si son pobres y les faltan cosas, “la mayoría de las veces son felices, muy amigables y están sonrientes”.

Para el grupo de voluntarios del Proyecto My Mission fue muy hermoso ver a los niños cantar en la misa, con un coro espontáneo y hermosas canciones africanas a preciosas voces. Algunos de estos niños nunca habían estado en misa, pero vinieron sólo para estar con los voluntarios.

Recuerda Naroa que “un día llevamos a los niños a una pequeña comida por la tarde y fue fascinante ver cómo se comían los alimentos y con qué fruición lo hacían. Estaban muy agradecidos”.

“La inducción del padre Elía fue una destacada presentación del sustrato cultural de Mozambique. Es un hombre sabio, con 50 años de experiencia en el país. Además, nos llevó a ver al curandero en una zona rural muy pobre, así como a un cementerio. También vimos cómo amasaban el mijo y la mandioca, con explicaciones muy interesantes. Champalala era el nombre del curandero local, que también era muy interesante, con sus sueños, sus remedios naturales, su sincretismo, como tiene sus creencias y sueños animistas, con sus creencias cristianas. Tenía 9 hijos y una de las hijas tenía hijos, otras vivían en la ciudad. Nos quedamos bajo la choza central abierta, donde hacen la vida, con el fuego para cocinar y la molienda de la comida” recuerda Naroa.

Los voluntarios visitaron también la iglesia de la antigua misión, que ahora está abandonada, excepto por algunas monjas que viven cerca y una procesión anual en agosto. “La iglesia estaba dedicada a un santo portugués, el condestable, pero más tarde fue cambiada a la Virgen María como “Regina Mondo” o Reina del Mundo” nos cuenta Naroa.

Otra de las cosas que le sorprende a nuestra joven voluntaria dehoniana es que “nos tocan mucho, especialmente el cabello de las mujeres, pero son muy tiernos besando y abrazando todo el tiempo. Para ellos es normal, pero para nosotros es un poco extraño”.

Además, les sorprende del país que las familias tienen muchos hijos, y “cómo las diferencias de edad son grandes, algunas son incluso tías y tíos de otros niños de su edad, ya que las hermanas mayores a veces comienzan a tener hijos cuando la madre sigue todavía dando a luz hermanos. Las familias grandes viven en chozas muy pequeñas y no tienen mucho espacio. Por eso, sólo duermen en sus chozas y pasan su tiempo afuera”.

“Hay gente caminando por todas partes, llevando cosas encima de la cabeza, incluso largas distancias, pero lo más impactante fue ver a la gente caminando por las carreteras, incluso niños pequeños, de 4 a 10 años. Es muy peligroso conducir un automóvil, ya que las carreteras están en mal estado y la gente conduce como loca, junto con la gente que camina, y en las ciudades las bicicletas”

“Nos emocionamos la primera vez que llegamos al orfanato, la “Aldeia da paz”. Estábamos sentados en sillas frente a la mayoría de las 70 niñas que estaban sentadas en bancos o en el suelo. Algunas parecían reservadas, la mayoría eran muy tranquilas, o incluso recelosas, pero, poco a poco, empezaron a ceder y se acercaron a nosotros, después de que rompiéramos con la presentación oficial. Informalmente, los grupos comenzaron a formarse” nos cuenta Naroa.

Esta ha sido la primera semana de los Voluntarios Dehonianos en Mozambique. Está siendo una experiencia muy positiva que seguro cambiará sus vidas.

¡Ánimo chicos! Gracias por dedicar vuestro tiempo a las personas necesitadas y llevar nuestro Carisma Dehoniano alrededor del mundo.

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